From "Clarin", 28 May 2001


EL PROYECTO "LIFE SHARING": COMPARTIR EL CORAZON MISMO DE LA PROPIA COMPUTADORA

Los artistas underground que pusieron su vida en la Red

Abrieron todo el contenido de la propia computadora ante la Red. Proponen un nuevo concepto de arte digital. Y se pronuncian por el libre intercambio de la información. Participarán en la Bienal de Venecia

 

by MARIA COPANI


Una dirección de Internet hecha de ceros y unos. Apenas uno entra en 0100101110101101.org, es recibido por un alerta: un cartel amarillo con un signo de exclamación. Haciendo clic en "OK", aparece un cartel similar que dice, con alarde de suspenso, en tipografía muy pequeña, simplemente la palabra now. Dando un nuevo OK, aparece en idénticas minúsculas la leyenda you''re. Repitiendo el proceso, se lee in my. Y en el último cartel, computer.

La frase intrigante queda completa: "Ahora vos estás en mi computadora". Y es verdad: el visitante ingresa al directorio completo de los artistas del momento, actual "grupo de culto" de la World Wide Web.

Los autores de este particular sitio se hacen llamar Renato Posapiani y Tania Copechi. Se supone que son seudónimos. Que son un grupo underground de Bologna. ¿Artistas? ¿O esa mezcla de hacker y activista que se dio en llamar hactivistas?

Por lo pronto se convirtieron en exponentes de algo que comenzó a denominarse Net Art o, también, Arte Web. Si la palabra "arte" pareciera excesiva, se puede apelar a la definición de sus autores: life-sharing (compartir la vida), un anagrama de file-sharing (compartir archivos), que hace obvia alusión a la gran polémica del momento en Internet: el intercambio masivo de archivos o caso Napster, que ha puesto en jaque el concepto de "derecho de autor".

Entre la performance y el collage, el absurdo y la política, el laboratorio y el atelier, proclaman: Anticopyright 1999. No rights reserved.

Estos experimentadores abren su computadora y ponen a disposición de los curiosos del mundo todos sus contenidos, en una especie de "reality show", de Gran Hermano puramente cibernético. La primera imagen es una pantalla que titila como si fuera presa de algún modo de colorida epilepsia digital, con la lista de directorios principales de un laberinto abierto.

Se puede leer su correspondencia personal. Toda... incluyendo la publicidad no solicitada que los inunda (como a todo usuario intensivo de Internet) las opiniones sobre el sitio y los "instant kisses" (besos instantáneos) que envía una tal Amy.

Provocadores, irritantes, cultivan el misterio en torno a su propia identidad. Equiparan el hecho de compartir su computadora con compartir su vida. "Cuanto más trabajás en tu computadora, más se parece a tu cerebro", declaró Copechi a The New York Times. Este anzuelo para voyeurs es bastante típico en un mundo como el ciberespacio donde el exhibicionismo es una de las mercaderías-vedettes. Pero en vez de poner cámaras web en sus habitaciones y baños, ponen el resultado de su vida online, incluyendo sitios paródicos de su autoría (como www.vaticano.org).

"Esta es la belleza de la computadora", dice Posapiani. "No los colores o los flashes. Su funcionalidad. El modo en que los datos fluyen de un punto a otro, el modo en que el software interactúa, incluso los bugs (errores): este es el verdadero Net Art". Y se anticipan a las eventuales objeciones enarbolando un lema irónico: "Nosotros no tenemos emociones, tenemos una Hewlett-Packard."

Aunque Internet nació a fines de la década del 60, su formato multimedia (la World Wide Web) tiene apenas 8 años de vida. De 1993 a hoy corrió muy poco tiempo como para poder hablar de "arte digital". Por ahora ese nombre ha definido a productos artísticos tradicionales, cuya "digitalidad" consiste en el mero hecho de ser vistos en un monitor. La estética Web -si así puede llamarse- parecería representar más bien a la multitud de portales clonados que pueblan la Red.

Si los "01.org" están destinados a entrar en la historia del arte, probablemente será, con mayor o menor honor, dentro de la genealogía que inauguró el dadaísmo. Al menos en su decisión de dar un portazo y proponer "borrón y cuenta nueva" para dar nacimiento a algo que pueda llamarse honestamente "Arte Web".

De manera anárquica y laberíntica están por lo menos sentando una posición sobre el acceso a la información y los nuevos pinceles de la era digital.

La idea encontró financiamiento en un museo de Minneapolis, el Walker Art Center, y se presentará este año en la Bienal de Venecia.